jueves, junio 08, 2006

ETAPA 12: PORTOMARIN - ARZUA

La etapa de ayer me ha dejado un recuerdo imborrable en la memoria. Su final en el pequeño y acogedor pueblo de Portomarín, con el río Miño, ancho y tranquilo, a sus piés, fue una recompensa maravillosa para el esfuerzo diario. Sin embargo, tampoco olvidaré este pueblo por lo sucedido esta madrugada.Ayer, al llegar a nuestro final de etapa, Richard se había metido en el albergue municipal mientras, casualmente, el hospitalero estaba comiendo, y se había registrado en el libro de peregrinos, reservando también una cama para mi. Los peregrinos a pie tienen preferencia sobre los que van en bici, teniendo estos últimos que esperar hasta las 18'00 h o 19'00 h para ver si sobran plazas. A este respecto hay mucha picaresca, pues hay grupos a los que les llevan las mochilas o, incluso, a ellos mismos hasta un par de kilómetros antes del final de la etapa, cogiendo una plaza en el albergue sin apenas hacer hecho ningún esfuezo ese día. Cuando yo llegué Richard me comentó la jugada y me dijo que fuera antes de que llegara el hospitalero pero, cuando fui, ya había llegado y dijo que no había plazas. Así pues, todos excepto mi amigo, nos fuimos al albergue privado. Para que no se dieran cuenta que él iba en bici, la llevó a donde nos alojamos nosotros. Yo, tras actualizar el diario, me eché en la cama, pero empezaba a encontrame mal, con frío y mal cuerpo. Al atardecer, Richard y Eduardo hicieron una compra y prepararon cena para seis en la cocina del albergue, pero yo ya me encontraba tan mal que no pude ni cenar y me fui a dormir.Amanecí mejor, aunque debilitado. Pensar en el pulpo que comimos ayer en Sarria me provocaba; la combinación del pulpo, calor, esfuerzo físico y agotamiento acumulado me sentó fatal. Aún así, desyune algo y, cuando íbamos a emprender la marcha, me comentan que Richard tiene muchos dolores y que está muy mal. En el camino de un albergue a otro, separados ambos unos 2 km de distancia, nos cruzamos con dos peregrinos que nos dicen que una ambulancia se ha llevado a Richard al hospital de Lugo con fuertes dolores tipo apendicitis. Al llegar, buscamos sus pertenencias y las llevamos al privado. Mientras las recojo, se me humedecen los ojos, pues le había cogido aprecio al vasco. Intento reaccionar, qué hacer... Richard había perdido su móvil, por lo que había utilizado el mío para llamar a su hermano. Localizo el número y llamo. No hay suerte. Envío un mensaje. Ya me llamará cuando lo vea. Como no podemos hacer más, iniciamos el camino.Hoy, muy a mi pesar, he decidido ir por carretera, junto con Jesús y Manolo, pues me encuentro muy débil y cansando. La verdad es que no he disfrutado nada esta etapa, pues iba sin fuerzas y cualquier pequeño repecho era un sufrimiento. Además no hago más que darle vueltas a la gravedad de la enfermedad de Richard. Sobre las 10'00 h hablo con el hermano de Richard y le doy la noticia. Tres horas más tarde, me traquiliza diciendo que está bien, que fue un cólico de riñon y que incluso ha hablado con él. Más tarde, ma llama él desde el hospital. Menos mal que todo ha sido un susto. Me dice que mañana el darán el alta y lo devolverán a Portomarín, donde le recogieron y donde tiene sus pertenencias.Por carretera, la etapa no tiene aliciente. Eduardo y Carlos, que van por camino, me dirán más tarde que la etapa ha sido preciosa.En Melide, Manolo y Jesús paran un momento para arreglar el tema de su pasaje de vuelta y sellar y, como yo no tengo fuerzas, me dicen que les espere en un pequeño jardín junto a la carretera. Pasado un buen rato y al ver que no vienen, decido ir al albergue a ver si están por allí, pero no les veo, por lo que decido irme.Empiezo a pedalear, sin fuerzas y enfadado porque tengo la impresión de que me han dicho que les espere y, sin embargo, se han marchado sin decirme nada. Al rato, después de casi media hora, en un fuerte repecho, veo al más jóven de ellos, Manolo, comenzando el ascenso. Acelero y, al poco tiempo le alcanzo y lo paso con facilidad sin decir nada. Continúo hasta dar caza a Jesús, al que le pido mi Credencial que le di para sellar en Melide. Me asegura, tras preguntarme que dónde me he metido, que volvieron a buscarme. Yo, aún molesto, acelero y llego hasta Arzúa donde decido hacer noche. Según llego a una pensión que me recomiendan en el albergue municipal, ya lleno, me ducho y, poco antes de acostarme, llegan ellos, que también han decidido para aquí. Caigo rendido hasta las 18'00, cuando el hambre me despierta y me hace ir a un super a por Actimel y pechuga de pavo para aliviar mis dolores de estómago. Hablo con Richard y me dice que no espere por él, como yo le había propuesto, que tiene intención de terminar el camino, pero a su ritmo. Tras la comida, un poco de conversación y, enseguida, a dormir pensando en la etapa de mañana, que será, en teoría, la etapa de mi llegada a Santiago de Compostela.

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